Como
primera entrada del blog, voy a hacer una revisión personal del texto
introductorio del Anteproyecto de la LOMCE.
Dada
mi condición de Aspirante a Profe, seguramente será poco fundamentada,
desinformada o inexperimentada, pero también tratará de ser libre, objetiva
y sincera ya que por el momento no estoy dentro de ese mundo, para lo bueno y
para lo malo.
El
primer punto que me resulta un poco chocante y no me gusta mucho, es la primacía
que se le da al plano económico sobre el personal, a las funciones de la
educación.
Antes
de nada, he de decir que soy economista de estudios y de profesión, y sinceramente, creo que la educación debe tener como subproducto del proceso la
mejora de la competitividad, la prosperidad y el crecimiento económico, pero como producto
y objetivo primordial, la formación personal.
Es
entendible por otra parte que este discurso se haya visto decisivamente
influido por el contexto económico presente, con una crisis que es protagonista
de cada debate actual y más que ninguno del político. Pero en mi opinión, y
esto solo lo voy a tocar por encima ya que daría para una entrada sola (o
incluso una tesis completa), el problema es que esta crisis no es de origen
económico, considero que es fundamentalmente una crisis de valores. Cuanto más
tardemos todos en darnos cuenta y en poner soluciones, más tiempo nos llevará superar
el difícil momento actual o más rápida será su reaparición. Y errores como este
no hacen más que confirmarlo.
En
segundo lugar, me da la sensación de que no se hayan analizado realmente cuales
son los motivos de los problemas del sistema actual. Se dice que este no
permite mejorar los resultados, que hay alto abandono y que está estancado, pero
no se ponen de manifiesto las causas de ello y sin ellas es difícil que demos
con el remedio adecuado. Así, cuando se exponen medidas que han resultado
efectivas en la mejora del sistema de otros países me viene a la cabeza el caso de la
política monetaria española a finales de los 80 principios de los 90. Entonces el ministro de turno tenía el convencimiento de que una moneda fuerte hacía que
lo fuese la economía como ocurría en países como Alemania. El error fue que realmente
ocurría lo contrario, que la economía fuerte sostenía una moneda apreciada.
Finalmente nos dimos cuenta y en el año 93 tuvimos que devaluar la peseta más
de un 20% con la economía machacada.
En
cuanto a los objetivos pretendidos: reducir la tasa de abandono, mejorar los
resultados internacionales, aumentar la cantidad de alumnos excelentes y
mejorar la empleabilidad, en general me parecen adecuados aunque algunos más
que otros.
El de la
mejora de resultados internacionales, me da la sensación de que tenemos un algo
de complejo de inferioridad y el de la mejora de la empleabilidad, me parece un poco
triste e influenciado como dije por el contexto actual. Ah, y me pondría algo
más alegre si se hiciese mención entre ellos al desarrollo como personas y
mucho más si se incluyese como objetivo que la educación promoviese la
satisfacción y la felicidad vital.
Sin
embargo, me parece muy interesantes y positivos los otros dos y que se de
importancia tanto a los alumnos con rendimientos bajos como altos. Considero que ambos necesitan atención especial y es justo y beneficioso hacerlo en ambos
casos. Sé que este es un debate importante, amplio y delicado, pues me ha
llegado incluso estando fuera del entorno educativo, seguramente podamos
ampliarlo en otra entrada.
Sobre las medidas a adoptar hay algunas básicas como es el plurilingüismo y las
TIC.
El
desarrollo de programas de mejora del aprendizaje y el refuerzo de las materias
instrumentales suenan positivos, pero me gustaría saber en que se concretan.
Otro
punto que daría para más análisis sería el del impulso de la Formación
Profesional. Opino que es algo muy necesario y que el modelo de enseñanza
español es demasiado universitario. Hay mucha gente en la universidad y poca en
la formación profesional. No quiero decir que la gente deje de estudiar, digo
que estudien menos en la universidad y el resto que lo hagan en formación
profesional. La universidad debería estar más orientada a la investigación ya
que la actual no cubre ni eso ni la inserción laboral. Ni es suficientemente
profunda, exigente y propiciadora para crear investigadores, ni es lo
suficientemente práctica o actualizada para formar profesionales.
En
cuanto a la autonomía de los centros me parece adecuado, siempre y cuando sea
efectiva y exigente como se plantea, la rendición de cuentas. Aunque habrá que
tener muy en consideración cómo se materializan esas exigencias y los criterios de
evaluación para no crear efectos indeseables.
Finalmente, las medidas que menos me gustan son la creación de pruebas de progresión, pues
creo que la medición puntual de una prueba no debe condicionar la progresión de
un estudiante. Me parece absurdo que por un lado se potencie la evaluación
continua y se den importancia a criterios de evaluación al margen de los
exámenes y por otro se metan más “selectividades”.
La
otra de mis rechazadas es la anticipación de los itinerarios y las
trayectorias. Seguramente diga esto por no saber nada de pedagogía o educación, pero me parece un gran error. Creo que con trece años no puedes cerrarte
puertas, que es el sinónimo para mí, de elección de itinerario. Considero que la mayoría de
los estudiantes a esas edades no tienen ni idea de qué es lo que quieren hacer con
su vida y mucho menos qué es lo que se van a obligar a estudiar (aparte de los típicos criterios: tiene más salidas, se gana más pasta, es más guay, es lo que quiere mi padre...).
Para
terminar habrá que estar atentos y revisar la futura ley del estatuto de la
función pública docente apuntada ya que como Aspirante a Profe (que espera en
un futuro “deletear” el Aspirante a) me interesará bastante.
Y
ya está, he dado un repaso (iba a calificarlo de rápido, pero no, va a ser que
no) al texto y si habéis sido capaces de llegar hasta aquí después de este
ladrillazo decidme,
¿estáis de acuerdo?, ¿a vosotros qué os parece?